UNA TALLA MÁS DOCTOR

UNA TALLA MÁS DOCTOR

Resultar más atractivos para encontrar pareja es un denominador común en todas las culturas y lugares del planeta. Una necesidad que se relaciona con el impulso sexual general, para perpetuar nuestra especie, más que con el amor romántico o el afecto. Debido a esta condición humana, el negocio de la cirugía estética y de la cosmética mueve cifras astronómicas, especialmente entre las mujeres.

Contrariamente a lo que se podría creer, y a lo que paradójicamente intenta vender la industria de la moda, diferentes estudios antropológicos han arrojado luz sobre las preferencias reales de los hombres. Estos concluyen que la mayoría de humanos de sexo masculino elegirían hembras con curvas y senos grandes. ¿Por qué preferimos que estas partes del cuerpo sean voluminosas?

Viñeta
Viñeta de Álvaro Terán (http://trtrcamp.tumblr.com/)

 

Existen factores culturales y temporales que influyen claramente en nuestros gustos. Por ejemplo, en tiempos de carestía de alimentos, el sobrepeso era un indicador de salud y posición económica. Un factor que a día de hoy se está invirtiendo debido al aumento de la obesidad entre la población y a los problemas médicos que acarrea.

Sin embargo, la biología evolutiva tiene mucho mayor peso a la hora de escoger pareja. Una mayor amplitud de cadera facilita los partos y unos pechos grandes proporcionan alimento suficiente para los bebés, factores clave en la reproducción de la especie. Algunos científicos, como el profesor Gordon G. Gallup Jr. han ido más allá en sus investigaciones. Este profesor de psicología evolutiva de la Universidad de Albany afirma que los ácidos grasos poliinsaturados que se acumulan en los glúteos de las mujeres, resultan esenciales para el correcto desarrollo cerebral de sus hijos. Unos compuestos que se transmiten durante la gestación, así como a través de la lactancia materna.

La primatología aporta todavía más información sobre nuestras preferencias. Hormonas como la progesterona, el estradiol, y en menor medida los andrógenos, son generadas por los ovarios. Son las encargadas de regular el estro o celo, así como las responsables de desplegar aquellos comportamientos y cambios físicos que alertan al macho de que la hembra está receptiva para copular. En muchos primates, el celo de las hembras se traduce en un visible aumento y enrojecimiento del trasero que se conoce como balloon.

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A nosotros, los gluteos grandes nos recordarían a las señales asociadas al balloon de las monas. Una atracción por las hembras de trasero prominente que apunta a nuestro pasado común. Pero algo cambió en nosotros con la bipedestación, empezamos a caminar erguidos, y sobretodo con la aparición del habla. Al contrario de lo que sucede con la gran mayoría de primates, los humanos acostumbramos a posicionarnos frente a frente con nuestros semejantes para establecer comunicación, por lo que nuestras señales atractivas deberían ser también frontales para que surjan efecto.

Durante la ovulación, la piel de las mujeres se torna más clara para destacar unas mejillas más rosadas y los labios toman un tono rojizo debido al aumento de los niveles de estrógenos. En el periodo fértil, las mujeres resultan más atractivas para los hombres, por lo que el maquillaje o el uso de pintalabios, principalmente los de tonos rojos, son señales para aparentar ese estado.

Y querer conseguir una talla más de senos o de nalgas, o unos labios más carnosos a golpe de bisturí para resultar más atractivas, subyace también en nuestra memoria ancestral. Son las versiones permanentes que imitan las hinchazones por inflamación estral que se dan en otros primates.

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Así pues, la interacción entre la cultura y la biología provocan una gran diversidad de gustos y preferencias posibles. Pero prevalecen unos rasgos comunes, inconscientes y ancestrales que guían nuestro impulso sexual desde mucho antes de que los humanos descendiésemos de los árboles.