MARRAKECH, LA PESADILLA DE LOS MACACOS

MARRAKECH, LA PESADILLA DE LOS MACACOS

En la segunda parte de nuestro viaje a Marruecos durante diciembre de 2015 seguimos la pista del destino de algunos de los macacos robados en los bosques del Parque Nacional de Ifrane. Y para eso, nos desplazamos desde Fez hasta Marrakech, la capital turística del país.

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La persistente lucha para salvar al macaco de Berbería

Como pudimos comprobar en el parque nacional de Ifrane, hoy en día los bosques no son seguros para los macacos de Berbería. Queríamos profundizar en esta problemática, y para ello contactamos con BMAC (Barbary Macaque Awareness and Conservation), dirigido por la conservacionista Sian Waters. Agradecemos a esta organización que nos ayudasen a comprender el alcance de lo que sucede en Marrakech con los macacos, y especialmente a Khadija B., embajadora de BMAC en la ciudad, su tiempo y predisposición.

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La Dra. Waters ha centrado sus estudios en la relación entre humanos y macacos en el norte de Marruecos. Las poblaciones de estos primates de las montañas del Rif no han sido habituadas a la presencia de turistas. Tampoco se les ha habituado con el fin de estudiarlos, ya que esto también supondría hacerlos más vulnerables ante los furtivos. En general estos grupos esquivan a las personas y son capaces de alimentarse sin necesidad de acercarse a los humanos, pese a que en verano en ocasiones asaltan las cosechas de los agricultores de la zona. En cualquier caso, sus oportunidades de supervivencia a largo plazo son más altas que las de otros grupos como los que habitan en Ouzoud y en el Parque Nacional de Ifrane, donde gran parte de los macacos están habituados a obtener alimento de los turistas.

Por otro lado, las personas que habitan zonas remotas del Rif como Bouhachem, donde tiene establecida su base BMAC, han sido olvidadas reiteradamente por la administración marroquí y por los ciudadanos de las grandes urbes del país. Desarrollar estrategias de conservación supone priorizar la recopilación de datos etnográficos sobre el de datos ecológicos con el fin de conocer como la población humana se comporta hacia la especie que se pretende preservar. Además se debe involucrar a las poblaciones locales en el proyecto, haciendo que este revierta positivamente sobre estas. Así que desde BMAC se optó por implicar especialmente a los pastores, intercambiando información sobre los macacos para así inspirar un cambio en su comportamiento. Y como contraprestación se les ofreció soporte, por ejemplo con vacunas contra la rabia para sus perros, evitando la propagación de la enfermedad, u organizando un torneo de fútbol anual que se ha convertido en un acontecimiento muy esperado en la región.

Esta organización lleva años concienciando a la población local sobre la importancia de la conservación de los macacos de Berbería. Además, se encargan de  asesorar y formar a educadores y estudiantes marroquíes del ámbito de la conservación con el fin de que se conviertan en embajadores de la organización.

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Trabajan también con la administración pública marroquí y con la emergente comunidad científica del país en el ámbito medioambiental, colaborando en el establecimiento de planes estratégicos para la conservación de la especie. Y participan activamente en rescates, confiscaciones y reintroducciones en el medio silvestre.

Una antigua y cruel tradición

Al menos desde el siglo XIX se tiene constancia de la presencia de domadores de monos en la plaza Yemaa al Fna de Marrakech, la más famosa del país. Los macacos forman parte del paisaje, junto con puestos de comida, músicos, pitonisas, aguadores, luchadores, encantadores de serpientes, o cuentacuentos.

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Para algunos de los turistas occidentales que visitan el lugar, el maltrato a los macacos no pasa inadvertido, aunque todavía son muchos los que deciden posar con los monos sin plantearse que una simple fotografía puede condenar a un primate a toda una vida de sufrimiento. Pero también hay que tener en cuenta que mucho del turismo que visita la plaza procede del propio Marruecos, y para gran parte de los marroquíes fotografiarse con uno de los macacos se trata de un acto plenamente aceptado.

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La legislación sobre protección de la fauna y flora marroquí se ha ido endureciendo a lo largo de los años. Y hoy en día, la explotación turística de los macacos está explícitamente prohibida en todo el país por una ley que se aprobó el pasado mes de diciembre. Esta ley 29/05 de “Protección de Especies de Flora y Fauna Salvaje y su Comercio”, prohíbe expresamente exponer animales salvajes con fines comerciales o utilizarlos con fines lucrativos.

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Las lamentables condiciones de vida de los macacos han sido denunciadas reiteradamente por entidades ecologistas, aunque no ha sido hasta la aprobación de la ley 29/05 cuando se ha vislumbrado cierta voluntad política de acabar con esta actividad. Además de las presiones de los activistas, el próximo mes de noviembre se celebra en la ciudad la cumbre climática COP22, lo que podría haber sido determinante a la hora de plantear dicho cambio legislativo.

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Pero mientras en todo el país se intenta hacer cumplir la ley, en la plaza Yemaa al Fna de Marrakech se sigue permitiendo la explotación de macacos. Zouhair Amhaouch, jefe de división de Parques y Reservas Naturales en el Haut Commisariat des Eaux et Foret et la Lutte Contre le Desertification declaraba hace algunas semanas a la agencia de noticias EFE que se están buscando alternativas que preserven el uso de estos primates como “actividad cultural o turística”. Se trata de una actividad tradicional que pasa de padres a hijos y por la que además los domadores tributan a las arcas públicas marroquíes.

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Hasta el momento, la única medida de protección hacía los macacos ha sido iniciar el marcaje identificativo de todos los ejemplares de la plaza, con el fin de que las autoridades puedan realizar un seguimiento de las condiciones de vida de cada animal.

Como pudimos observar, los animales utilizados para las fotografías se encuentran encadenados con una argolla al cuello, y sus dueños los acercan a los visitantes para que trepen a sus hombros para ser fotografiados a cambio de dinero. Otras veces los animales son sostenidos en el regazo de los turistas. A los animales más jóvenes se les suele disfrazar, y se les coloca un pañal para evitar que manchen a los turistas.

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Entrenar a un macaco para esta actividad supone usar violencia hasta someterlos. Para las fotografías generalmente se utilizan ejemplares jóvenes, ya que una vez alcanzan la madurez resulta más complicado su control.

Cuando preguntamos por el origen de los ejemplares más pequeños, que permanecían encerrados en los cajones, los domadores nos explicaron que también se dedicaban a la cría de los macacos que utilizaban. Pero lo cierto es que la mayoría se extraen de la naturaleza de manera ilegal. Esto supone que los pequeños son separados de sus familias con el consiguiente estrés psicológico y físico. La mayoría de animales de la plaza mostraban claros signos de terror ante su entrenador.

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Los precios por una fotografía varían según la habilidad de regateo del turista, el equivalente a 1 o 2 euros suele ser suficiente para ellos. Si no se ha pactado previamente un precio, el pago se complicará ante la insistencia de los domadores, en ocasiones violenta, para recibir más dinero. Las tarifas también se encarecen durante las vacaciones de verano, festivos, o en los momentos del día de mayor afluencia de visitantes.

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En el seguimiento que realizamos de la actividad de los domadores, durante algunos días y a diferentes horas, contabilizamos cerca de una veintena de animales, algunos de ellos muy jóvenes. El negocio se encuentra en manos de 4 grupos de domadores que iban rotando su posición en la plaza. Por la mañana eran 2 los grupos que trabajaban, mientras que por la tarde se sumaban otros 2 aprovechando el ajetreo de la plaza al atardecer.

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Pese a que tuvimos que gestionar algunas situaciones violentas mientras indagábamos, pudimos comprobar cómo se estructuran estos grupos de domadores. En cada uno de ellos encontramos uno o más domadores, encargados de exhibir y controlar al macaco. El fotógrafo, quien toma las fotografías con una cámara tipo Polaroid, en caso de que el interesado no prefiera tomarlas con su propia cámara. Y un  tercer hombre, con la función de vigilar, cobrar y controlar el dinero que se deposita en una caja aparentemente colectiva.

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Cuando los animales no están trabajando permanecen hacinados en cajones de madera y metal. Aunque las cajas se encontrasen a la sombra, el fuerte calor resulta peligroso. Además, generalmente son mantenidos en solitario, algo intolerable tratándose de animales gregarios que conviven en grupos de varias decenas de individuos.

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Turismo responsable

El papel de los viajeros ante la presencia de animales explotados con fines turísticos es clave para erradicar esta actividad. Desde organizaciones como FAADA (Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales) se han elaborado muy buenos materiales sobre turismo respetuoso con la fauna local.

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Si nuestra intención es la de conocer de cerca a los macacos de Berbería, visitar santuarios, centros de rescate y recuperación, o zoológicos responsables es una buena opción. También se puede contactar con las ONGs que trabajan sobre el terreno si se viaja a Marruecos, o a Gibraltar para conocer su trabajo, poder difundirlo entre nuestros familiares y amigos, e incluso implicarse como voluntario.

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Por supuesto es una mala idea fotografiarse con los macacos. Esas fotografías ofrecen una falsa apariencia de felicidad de los animales y tienen mucha repercusión en la demanda de primates como animales de compañía. Tampoco debemos compartir o promocionar imágenes de otras personas en redes sociales fotografiándose con macacos cautivos. En vez de eso, podemos difundir imágenes e información sobre el macaco de Berbería en su hábitat natural.

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Jamás se debe comprar un macaco para rescatarlo, el dinero iría destinado con total seguridad a comprar más macacos de los bosques. Si detectamos un macaco en venta o utilizado con fines turísticos se puede poner en conocimiento (anónimamente, si se desea) de BMAC, de modo que el decomiso se pueda llevar a cabo a través de los canales correctos. Esto desalentaría a los traficantes a vender o explotar macacos en el futuro.