MACACOS JAPONESES

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Fitxa M. fuscata

LOS MACACOS DE JIGOKUDANI

El macaco japonés es el primate no humano que habita más al norte del planeta, y además en uno de los lugares más superpoblados e industrializados: Japón. Allí, se pueden ver con facilidad en lugares como el parque de Arashiyama de Kyoto, donde viven confinados, o en la isla de Miyajima.

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Pero sin duda el lugar más famoso donde habitan es Jigokudani, el Valle del Infierno. En este valle se encuentra una numerosa colonia de más de 200 ejemplares que cada mañana descienden de las montañas atraídos por la comida y por los manantiales termales de origen volcánico que dan nombre al lugar.

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Los macacos aprendieron a hacer uso de las termas hace unos 40 años, cuando un macaco joven se adentró y otros le imitaron. Desde entonces, el lugar se ha convertido en un reclamo turístico pero también en una oportunidad para observar y aprender sobre esta especie. Científicos, así como los propios guardaparques, han recogido y analizado datos del comportamiento de la colonia desde hace décadas.

La posibilidad de disponer del grano que reparten los guardaparques, y de una fuente de calor termal frente a los duros inviernos de la zona, ha posibilitado que la de Jigokudani se convierta en la mayor colonia de macacos del país. Además, la abundancia de comida les ha permitido adquirir un mayor tamaño que el resto de sus congéneres.

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En lo que respecta a su comportamiento, la superpoblación, mucho tiempo libre y mucha energía no utilizada, han supuesto una mayor agresividad entre los miembros de la colonia. Aunque por otra parte les ha hecho desarrollar una notable afición por el juego con diversos objetos.

En la cúspide de la jerarquía de Jigokudani se encuentra una hembra dominante, rodeada de un séquito de hermanas, hijas y tías que conforman un linaje de poder. Las hembras de mayor estatus social paren un mayor número de crías, que a su vez heredaran el rango social de sus madres. Este selecto grupo decide que miembros se pueden bañar en la terma principal, y quien será el macho dominante, apoyándole ante sus adversarios.

Los machos se desplazan entre grupos y desde el escalón más bajo de la jerarquía intentan escalar posiciones a través del acicalamiento. El acicalamiento, o grooming, tiene una función higiénica pero sobretodo constituye el aceite que lubrica la vida social de los primates, permitiéndoles aliviar tensiones, manipular o influir en los demás. En las termas de Jigokudani la cara de los macacos se torna roja por el calor, mientras su denso pelaje no permite que la humedad cale su piel, y es en este ambiente relajado donde se forjan principalmente los lazos por acicalamiento. Así pues, que un macho alcance el poder y llegue a mantenerse en él dependerá de su capacidad para agradar a la hembra principal a través de estas habilidades, teniendo en cuenta que la dominancia de los machos no se suele prolongar más allá de 4 años.

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Existen otros comportamientos singulares en esta colonia. Los macacos han aprendido a recoger el grano que lanzan los guardaparques a la terma según diferentes técnicas. Algunos sumergiéndose y llenándose los carrillos bajo el agua, mientras otros los hacen utilizando los pies con gran destreza, sin mojarse la cabeza.

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Llegar hasta el Monkey Park de Jigokudani

Nosotros visitamos este lugar en octubre de 2014. Pese a que habíamos podido observar macacos japoneses en libertad a lo largo del viaje, de antemano ya habíamos preparado nuestra visita a la que probablemente sea la colonia de primates más fotografiada de todo el planeta.

Los mejores meses para visitar el parque son enero y febrero, cuando los animales se acercan más al agua termal, y el contraste con el paisaje nevado resulta espectacular. No obstante, el otoño o la primavera permiten un acceso más cómodo y son momentos óptimos para poder disfrutar del resto del país.

Desde Tokio, en la estación de ShinjukuJR se puede tomar un tren que en poco más de 2 horas nos dejará en Nagano. Allí, cambiando de estación y de compañía ferroviaria se toma el Snow Monkey Express, un tren que en unos 45 minutos nos dejará en Yudanaka. En total, unas 3 horas y media desde la capital. (En Japón, los extranjeros solemos utilizar el abono de transporte Japan Rail Pass y este último tren no está incluido, teniendo un coste de unos 1200 JPY por trayecto).

En el pequeño pueblo de Yudanaka hay diferentes opciones de alojamiento en ryokan, casas tradicionales de hospedaje que incluso te pueden acercar con sus vehículos particulares hasta Jigokudani. En nuestro caso, nos alojamos en el Ryokan Yudanaka Seifuso, y fue un completo acierto.

Los transportes locales te dejan en el inicio del sendero del parque, y caminando unos 20 minutos a través de tramos perfectamente señalizados y repletos de carteles informativos sobre los hábitos de los macacos se llega hasta la entrada. La mayor atracción es la terma artificial principal, un auténtico onsen para macacos.

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Tras pagar 500 JPY por persona se puede estar allí el tiempo que uno desee, mientras el parque permanezca abierto. De 8:30h a 17:00h de abril a octubre y de 9:00h a 16:00h de noviembre a marzo.

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Estos macacos, al contrario de lo que se sucede con otras especies que hemos visto en templos de varios países asiáticos, se muestran confiados pero a la vez indiferentes con los visitantes. Pese a que se trata de un lugar turístico, el acceso de personas no es masivo, y esto unido al carácter extremadamente respetuoso de los japoneses hacia las normas de interacción con los macacos, convierten a Jigokudani en un lugar ciertamente increíble para poder verlos de cerca.

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Los “otros” macacos japoneses

No todos los macacos japoneses son tan queridos por los humanos, ni tienen una existencia tan placentera como los de Jigokudani. Existen poblaciones en zonas de montaña, como el valle de Kamikochi atravesado por el gélido río Azusa, dónde los animales deben dispersarse y cubrir varios quilómetros para poder conseguir poco más que algunas hojas, bayas, insectos, o a veces únicamente cortezas de los sauces, especialmente en invierno.

Las colonias las forman menos individuos, de hecho los alumbramientos se producen cada 2 o 3 años por las duras condiciones, y su estructura jerárquica matriarcal se mantiene, aunque con menos agresividad. Aquí, el rango no lo es todo, la búsqueda constante de alimento no les permite desperdiciar energía o calor en peleas, y para sobrevivir a veces resulta más importante la experiencia para vadear el río, saber guarecerse del frío, o ser hábil encontrando alimento.

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Estos grupos han consolidado mecanismos de supervivencia colectiva como dormir varios ejemplares acurrucados rotando regularmente de posición a lo largo de la noche, de esta manera los animales que se van situando en el centro del grupo quedan resguardados del frío viento y no mueren de hipotermia.

Los grupos de las montañas resultan más esquivos, aunque a veces se adentran en arrozales, huertas o ciudades buscando comida. Esto les ha generado enemigos entre la población local que no duda en eliminarlos, acabando con cientos de ejemplares anualmente.

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