LAIA, CAMBIANDO LA EVOLUCIÓN

LAIA, CAMBIANDO LA EVOLUCIÓN

En enero de 2011 un equipo de paleontólogos del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont dio con diversos restos fósiles en el vertedero de Can Mata, de Els Hostalets de Pierola. Y después de un exhaustivo trabajo, a finales de octubre del 2015, publicaron sus conclusiones en un artículo en la revista Science presentándonos a Laia, un pequeño primate que habitó hace 11,6 millones de años en Cataluña, cuando este territorio era el extremo más meridional de una paleoprovincia que se extendía por centroeuropa. Cataluña era entonces un bosque cálido, con pocas variaciones térmicas estacionales, y donde el clima era más húmedo que en el resto de la península ibérica, lo que explicaría la presencia de primates.

Los restos encontrados eran fragmentos de cráneo, dientes, así como elementos de las articulaciones del codo y la muñeca del brazo izquierdo.

Reconstrucció del crani a partir de fossils Science
Reconstrucción del craneo. Fuente: Science

Se presume que era una hembra adulta, puesto que el alveolo revela un canino maduro pero de tamaño pequeño.

Las marcas y el hecho de que se conserven mejor los huesos de la parte izquierda, indicarían que Laia fue devorada parcialmente por un depredador que se sació con la parte derecha de su cuerpo.

Un nombre que dice mucho
A Laia, sus descubridores del Instituto Catalán de Paleontología la bautizaron científicamente como Pliobates cataloniae. Acuñaron el nuevo género taxonómico “Pliobates”, una contracción de los nombres de género “Pliophitecus”, que significa “más simio” e “Hylobates”, que se atribuye a los actuales gibones y hace referencia a “aquel que camina por los árboles”.

Y su nombre de pila, Laia, juega con la etimología de Eulalia. Del griego “la que habla bien”, por todo lo que aporta su hallazgo a la ciencia evolutiva.

El eslabón perdido
Un análisis filogenético basado en más de 300 caracteres sitúa a Laia como el hominoideo basal más cercano a la divergencia entre pequeños y grandes antropomorfos y sugiere que el último ancestro común de los hominoideos actuales podría haber sido más similar a un pequeño gibón o a un loris de 4-5 kilos, que a los grandes antropomorfos actuales, como se daba por hecho. Todos los simios fósiles de tamaño pequeño hallados hasta entonces tenían una estructura corporal demasiado primitiva para tener una relación de parentesco estrecha con los hominoideos actuales. El hallazgo de Laia, cambia por completo esta idea.

Esquema

Los hominoideos actuales, son una superfamilia de primates catarrinos que incluye al hombre y a otros simios estrechamente emparentados. Sus miembros se distribuyen en dos familias: Hylobatidae (gibones) y Hominidae (orangutanes, gorilas, chimpancés, bonobos y humanos). Los hominoideos no tienen cola y su cuerpo les permite erguirse, características que podrían haber estado ya presentes en el ancestro común de homínidos e hilobátidos.
Laia presentaba muchos caracteres primitivos. Sin embargo, la anatomía del brazo y en particular la articulación entre el húmero y el radio, y los huesos de la muñeca, ya presentan el diseño básico de los hominoideos actuales.

Atendiendo a su grado de encefalización se le atribuye una inteligencia similar a la de los monos y gibones actuales, muy inferior a la de los grandes antropomorfos.

Fragment principal del crani Science
Fragmento principal del craneo. Fuente: Science

El cráneo y algunas partes del esqueleto postcraneal muestran algunas características que sólo figuran en los gibones actuales, y las adaptaciones del esqueleto postcraneal también indican una locomoción que habría consistido principalmente en trepar de manera lenta y cautelosa por las copas de los árboles, con gran flexibilidad de movimientos y cierta capacidad de colgarse de las ramas. Una vida ligada a los árboles, con una dieta frugívora como confirman las marcas microscópicas dejadas por los alimentos en la superficie masticatoria de los dientes.