LA CASA AMARILLA. TRAS LOS PASOS DE DARWIN

El primer centro de estudios primatológicos del mundo

¿Conocemos el origen de las primeras investigaciones relacionadas con la conducta humana a partir de la observación y el estudio de primates? ¿Sabemos que fue en España donde se llevaron a cabo los primeros estudios en este ámbito?

 

 

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La Casa Amarilla, 1975 (Fuente: Asociación Wolfgang Köhler)

 

Finca La Costa, Puerto de La Cruz, Tenerife. Allí se situaba la Estación de Antropoides de Tenerife, conocida como la Casa Amarilla. Lugar en que se llevaron a cabo los primeros estudios que relacionaban la primatología con la conducta humana, y donde se gestó el libro The Mentality of Apes, de Wolfgang Köhler. Un texto de gran influencia en las disciplinas de la psicología, la antropología, la filosofía, la primatología y la etología del siglo XX.
Un terreno espacioso rodeado de platanales, reservado de las miradas ajenas y situado en un enclave privilegiado. Un lugar donde los futuros huéspedes podrían sentirse prácticamente como en casa. La Academia Prusiana de las Ciencias de Berlín no eligió en vano Tenerife. El clima, la cercanía con Europa y la facilidad, por proximidad al continente africano, para el aprovisionamiento de los animales fueron decisivos a la hora de escoger esta isla como ubicación idónea para la estación.
Con la intención de ampliar la teoría de la evolución de Darwin, la Academia Prusiana de las Ciencias se encargó de conseguir la financiación necesaria. Y junto al asesoramiento y al impulso de profesores de la Universidad de Berlín el proyecto se fue perfilando.
Se pretendía estudiar de cerca a los grandes simios (gorilas, chimpancés y orangutanes) por su proximidad al ser humano, y así poder profundizar en el conocimiento de la mente humana. Previeron que los animales llegasen a Tenerife por distintas vías. Gorilas y chimpancés a través de la antigua colonia alemana de Camerún, y los orangutanes vía Tánger.
Al mismo tiempo que se iniciaba este proyecto, la isla se hacía famosa entre los europeos, principalmente alemanes e ingleses adinerados que querían viajar, conociendo sitios exóticos sin renunciar a las comodidades de sus mansiones del viejo continente.
Los hoteles de gran lujo Taoro y Martiánez cumplirían las expectativas de todos ellos. Y estos grandes hoteles sirvieron además como albergue temporal para los animales, hasta que fueron trasladados a la Casa Amarilla.

Los huéspedes de la Casa Amarilla

Los primeros primates que albergó el centro, fueron chimpancés. Y por la información de la que se dispone, pertenecerían a la subespecie Pan troglodytes troglodytes.
En julio de 1912 llegó un joven macho llamado Cónsul, procedente del Sur de Nigeria. En septiembre del mismo año llegarían seis chimpancés más: Tschego, Grande, Sultán, Tercera, Rana y Chica, desde Camerún.
Probablemente la idea de albergar un grupo compuesto por diferentes hembras y machos, tuvo como objetivo reproducir un grupo social, con la idea que se establecieran relaciones de jerarquía y socialización como las que se dan en estado salvaje.
En junio de 1916, Köhler ampliaría la colección de primates con una pareja de orangutanes Pongo sp., muriendo el macho a los pocos meses de su llegada.

Teuber y Köhler… y Manuel “el de los machangos”

Eugen Teuber, experto en lenguaje y discípulo del psicólogo Wilhelm Wundt, fue propuesto como primer director de la Estación de Antropoides de Tenerife. Así, en enero de 1913 Teuber y su esposa llegaron a la isla desde Berlín.

Eugen Teuber, el primer director de la EAT, con Tschego.
E. Teuber con Tschego (Fuente Asociación Wolfgang Köhler)

 

Teuber, llevaría como herramientas de trabajo un cronómetro, un tocadiscos, una cámara fotográfica, un cinematógrafo y un fonógrafo de Edison. Como personal de apoyo contrataron a Manuel Gonzalez García, conocido como Manuel “el de los machangos”, quien trabajó como vigilante de los chimpancés, encargándose de la alimentación, limpieza y cuidado de los animales mientras permanecieron en La Costa.

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Manuel González (Fuente: Asociación Wolfgang Köhler)

 

Durante el primer año de la Estación de Antropoides de Tenerife, Teuber realiza una descripción exhaustiva de la conducta de los chimpancés: vocalizaciones, comunicación, juego social, utilización de objetos, conductas emocionales, coprofagia, etc.
Se centró especialmente en las conductas inteligentes como la imitación o la capacidad de usar herramientas. Esta última, sería la teoría que desarrollaron posteriormente la Dra. Jane Goodall y el Dr. Jordi Sabater Pi. Teniendo en cuenta ambos, los estudios realizados por Teuber y Köhler.
La casa era un espacio amplio. Con una zona destinada a las habitaciones y otra parte donde residían los simios. El lugar donde se realizaban gran parte de los estudios de Teuber, y más tarde de Köhler, era el amplio patio exterior. Kölher lo llamaba el patio de juegos. Estaba cubierto con una red de alambre, tenía un poste central de unos 5 metros de alto, y multitud de objetos para ser utilizados en el juego. Objetos que bien se podrían considerar precursores de los actuales elementos de enriquecimiento ambiental. Allí, también se encontraban los dormitorios de los primates, provistos de un suelo de cemento y con ventanas enrejadas.
En diciembre de 1913, la dirección de la Estación cambiaría de manos. Wolfgang Köhler llegaría con su familia a la finca La Costa. Él continuará los trabajos de Teuber y se centrará en las observaciones sistemáticas sobre la percepción e inteligencia de los primates.
Manuel González, el guardián de los monos, era orientado por Köhler para que introdujese elementos dentro de la instalación colectiva para la estimulación de los simios, y así poder elaborar los estudios basándose en la observación directa de los animales.
Palos, piedras o cajas eran algunos de los elementos introducidos en el recinto por Manuel.
El experimento de los plátanos colgando del techo, uno de los más difundidos, facilito la observación de la utilización de objetos como herramientas para conseguir el objetivo del chimpancé: el alcance de la comida.

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Los chimpancés Grande y Sultán (Fuente: Asociación Wolfgang Köhler)

 

El declive de la Casa Amarilla

La Estación de Antropoides vivió el apogeo de la I Guerra Mundial, y esto afectó en su financiación, en el aprovisionamiento de alimentos, y hasta en la aparición de rumores sobre Köhler, calificándolo de espía alemán. Todo ello facilitó que en julio de 1918 se vendiese la finca. Köhler tuvo entonces que cambiar de emplazamiento, y la Estación fue trasladada a la finca El Ciprés, en el barrio del Durazno, del municipio vecino de La Orotava.
Estos últimos años fueron testigos del declive causado por la guerra y la postguerra, que llevaron a la bancarrota de Alemania. Afectando así de manera directa la subsistencia de la Estación de Antropoides de Tenerife, hasta que en 1920 se produjese su cierre.
Los simios fueron distribuidos entonces entre diferentes zoológicos europeos. Pero los fríos inviernos, el cambio de alimentación y la falta de cuidados especializados, provocaron que la mayoría de ellos muriesen en los años consecutivos al cierre del centro.
Wolfgang Köhler y su familia regresarán a Alemania. Allí podrá reflexionar sobre sus estudios y hacerlos públicos. Köhler llegaría a ser un importante profesor en diferentes universidades y sus teorías serían utilizadas en el campo de la psicología y la filosofía. Se convertiría en uno de los principales teóricos de la Escuela de la Gestalt.

El futuro incierto de la Casa Amarilla

Si bien la Casa Amarilla sigue siendo un referente en diversos ámbitos científicos, ha sido el tesón de J. Melchor Hernández Castilla, Secretario de la Asociación Wolfgang Köhler, el que mantiene más viva la reivindicación para restaurar la plenitud de la Casa Amarilla. Sus estudios, especialmente su libro La Casa Amarilla El Primer Centro Primatologico en el Puerto de la Cruz, así como la plataforma en facebook que reclama su restauración, nos facilitaron comprender la historia y la problemática actual de la Casa Amarilla, y plasmarlo en el presente artículo.
En el verano de 2015, quisimos comprobar de primera mano el estado de la Casa Amarilla. Y nos encontramos ante una casa en ruinas, donde los intereses económicos privados han sido priorizados por delante de la conservación de un espacio calificado como bien de interés cultural desde 2005.

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Son muchas las voces de instituciones, asociaciones, particulares, y de personalidades tan importantes como Jane Goodall, que se han alzado para que la Casa Amarilla no caiga en el olvido. Sin embargo, hasta el momento no se ha conseguido su restauración y transformación en un espacio dignificado de manera acorde con el patrimonio histórico que representa. No ha habido suficientes motivos para tener en cuenta lo que suponen en la actualidad aquellos primeros estudios en ámbitos como la psicología, la primatología o la antropología.
La Casa se cae. A la espera de que ya no quede nada, y así cuando esto ocurra, la Casa Amarilla caerá definitivamente en el olvido y podrá ser transformada por el Capital en un gran hotel o resort turístico para aquella gente interesada en pasar sus vacaciones en un, como diría el antropólogo francés Marc Auge, “no-lugar”.

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